México, de oportunidades y fortalezas

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Si en el anterior blog destaqué aquello que más detesto de México. Lo que más me enerva,  y en el fondo, lo que más me duele, en esta entrada voy a dedicarle varios piropos al país.

No por compromiso, se lo aseguro. Porque lo siento y punto. A México he de agradecerle muchas, muchísimas cosas.

Llegué a él un 20 de febrero de hace 2 años, con muchas ganas de trabajar en algo que me gustara y donde sentirme valorado. Con la autoestima por los suelos -y no me queda otra que reconocerlo- después de dos años maravillosos y odiosos por igual en los que di vueltas por el mundo y me conocí a mí mismo.

En los que  tuve trabajos en los que estaba tan sobrecalificado como menospreciado .

No encontraba mi sitio hasta que llegué a México. Dejamos, con mi chico, una Barcelona que nos gustaba. Pero a mí, la verdad, me podían las ganas.

A las tres semanas de llegar, ¡TRES!, encontré trabajo de periodista. En mi tierra, con 27 años y el doble de años de experiencia en bares que de reportero (4 vs 2), sentía que ya nadie apostaba por mí. ¿Qué triste, verdad? ¿Pero a cuántos jóvenes no les pasa lo mismo en España?

Recuerdo mi primera cobertura trabajando para un medio después de bastante tiempo. Qué ilusión.

Y desde entonces, la cosa no hizo sino mejorar en el plano laboral. Aprendiendo y ganando confianza, rodeado de maestros en un país que escupe las noticias más bonitas, las más apasionantes y las más trágicas.

Pero en la vida no todo es trabajar. Y en muchos otros aspectos México también es un regalo. O por lo menos Ciudad de México, este monstruo que te deja boquiabierto con cosas buenas, malas y sorprendentes día sí y día también. De la que me declararía fan si no fuera porque la contingencia amenaza con acabar con mi salud pulmonar.

Llegamos con una pequeñita lista de contactos, ¡pero qué contactos! No nos faltó una casa de acogida al llegar -gracias, Joselito- ni con quien tomar cervezas y compartir nuestras dudas y miedos de emigrantes – Carola, Aida, Bea-. Pronto, teníamos un par de grupos de amigos, la mayoría extranjeros como nosotros, con quien disfrutar en miles de circunstancias.

Mis momentos favoritos son los vermuts domingueros. Esos en los que te pones un poco pedo mientras vas picoteando y, aunque no estás con tu familia de sangre, estás en familia.

Y si por si estos dos factores no fueran suficientes. México te da la oportunidad de soñar, de proyectarte, de pensar en grande. Aquí si tienes una mínima base -laboral y de amigos- y te lo trabajas, puedes prosperar.

Y el país también te da la oportunidad de crecer, a hostias o a empujoncitos, depende de la ocasión. Yo aquí llegué siendo mucho más niño de lo que me iré, el día que me vaya o sí me voy. No solo porque el tiempo pasa para todos, sino por todo lo vivido.

Gestionar burocracia, temas migratorios y un alud de pensamientos y sentimientos.

Esto a menudo completamente solo, porque no sabes a quién contárselos y mamá te queda muy lejos y no quieres preocuparla. Este aprendizaje es una mina de oro.

México me ha quitado un poco de esta ilusión naíf que me caracterizaba (todavía tengo mis momentos de excesiva emoción), pero me ha dado sabiduría. Y una incipiente arruga en la frente para dar fe de ello.

Y fortaleza. Mucha fortaleza. ¿Cómo sino puedes trabajar de periodista en un país que acumula muertes a puñados? ¿Cómo sino describir el horror sin que te arrastre con él?

Y no hace falta trabajar de reportero para sentir y vivir todo esto.

Esta realidad, la personal y de la que me toca escribir, me ha hecho más humano.

Más consciente de la vida.

Más fuerte y, espero, también mejor persona.

Gracias, México.

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Acerca de Triple P

Periodista, camarero, viajero y vividor. Soy el típico Triple P, alguien preparado, parado y puteado. Un especie que abunda en España. Tras unos meses dando tumbos por el mundo ahora regreso a la ciudad condal. Dicen que segundas partes nunca fueron buenas. Pero yo estoy seguro que nada puede ir a peor. :D

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  1. Que chidas historias haz vivido y así como tú somos miles y millones de Mexicanos y extranjeros que día a día en cada estado de este enorme y bello país vivimos con sus cosas malas y buenas y nunca dejamos de aprender y maravillarnos con tantas cosas que ofrece el país, un saludo y ojalá sigas escribiendo que muchos mexicanos leemos tus aventuras, saludos

    • Gracias Iván, me queda una publicación más para cerrar este blog, este ciclo. Aunque lo dejaré abierto para que pueda ir revisitando, y tú tb si quieres, tantos escritos que he ido dejando a lo largo de cinco años. Un abrazo

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