Oaxaca: Un baño de maestros en lucha y una cobertura electoral (PARTE 1)

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El domingo pasado fueron elecciones en México a diputados federales, y también en miles de municipios y a los gobernadores de nueve estados.

No fueron elecciones a presidente, pero sí unos comicios intensos y marcados por la desaparición en septiembre de los 43 estudiantes desaparecidos, los casos de corrupción en  política y la lucha del poderoso sindicato de maestros, que amenazaban con boicot electoral.

Tras varios días de desmanes en Oaxaca, que incluyó la quema por parte de los profesores de papelería electoral y el saqueo de sedes de partidos políticos, la agencia de noticias por la que trabajo decidió mandarme ahí a cubrir la recta final de las elecciones.

Y para allá que me fui, muy contento,  con un número limitadísimo de contactos  -se contaban con los dedos de una mano de una mano- y muchas ganas de entender qué pasaba.

El primer día fue quizás el más intenso. Llegar, contactar con un chico –sobrino lejano del camarógrafo- que nos hizo de conductor y visitar el centro histórico y la sede electoral, ocupada por unos maestros que, en primera persona, parecían más cansados que aguerridos.

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La imagen que me llevo de aquel día fue las colas titánicas de coches, y de personas con sus respectivos bidones, que se formaban en las gasolineras para comprar unos diez litros de fuel.

Días antes, los maestros bloquearon los accesos de una refinería y una central de reparto cercano a la ciudad, y las estaciones de servicios andaban sin combustible.

Increíble ver como en cuestión de pocos días Oaxaca se convirtió en un caos. Un experimento pre apocalíptico donde los ánimos se caldeaban por momentos. La gente, tras horas esperando, terminaba a empujones y gritos con el vecino. Y hay quienes hacían estraperlo con combustible robado.

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Afortunadamente no pasó nada grave. Pero sí me dio que pensar sobre el futuro de la humanidad sin combustibles fósiles…

Por la tarde nos dirigimos a una rueda de prensa de los maestros, que en un golpe de efecto querían dejar salir siete camiones cisterna de la terminal para suministrar algunas gasolineras.

Este plan, muy a lo Robin Hood porque, entre los muchos rumores que se escucharon estos días por Oaxaca, se decía que querían regalar el combustible al pueblo, pero les salió rana.

El Gobierno de México se negó a dejar salir los camiones alegando motivos de seguridad. Aunque aquello no fue más que una excusa. La autoridad lo tenía todo atado; mandó a las fuerzas federales en el marco de un operativo electoral.

Por la noche, el Gobierno avisó que iban a activar el protocolo para desbloquear la central de reparto de combustible. Y los maestros, por miedo, se retiraron.

Yo me quedo con la exhibición de fuerza que quisieron dar los federales. Especialmente en el zócalo, donde acampaban -y todavía acampan- muchos de los maestros, y que rodearon con decenas de vehículos  y efectivos.

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Pasaba la medianoche. Y en ese momento vi el profesorado entre asustado y encendido. Algunos tomaron barras de acero, por si empezaba la batalla tal y como ya ha pasado otras veces en esta misma ciudad del sur del país. Pero en eso quedó.

Las elecciones se acercaban y había que mover ficha de forma más inteligente. Por parte de unos y otros.

 

/ Próximamente, parte 2

🙂

 

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