Basílica de Guadalupe: Un parque temático para católicos (Parte 2)

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Y tras mi primera parte

A continuación visité la antigua basílica o el Templo Expiatorio de Cristo Rey, concluida a principios de siglo XVIII.

Es muy bonita y está escandalosamente inclinada, aunque ya frenaron su hundimiento y éste le dota de todavía más encanto.

Sin embargo, de ahí dentro me llevo la imagen de este hombre. La verdad, lo vi y pensé que era un turista como yo que se había enfundado unos leggins y había llegado corriendo desde el centro.

Pero no, fijaros en el tatuaje en la espalda. Es la mismísima Nuestra Señora de Guadalupe. A imagen y semejanza de la que tiene enfrente, pero acolchada por la licra y bañada de sudor. Me pareció tremendo y poético.

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A continuación subí al Cerro de Tepeyac, donde años ha se apareció la virgen de Guadalupe a un indígena de la zona que siglos más tarde fue beatificado y canonizado por Juan Pablo II.

El camino fue una pura yincana.

Por ejemplo, te puedes tomar unas fotos detrás de un fondo floral  o montado en un burrito de cartón piedra. Un must para todos los niños.

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También tienes un camino, rodeado de agua y bien diseñado, que te lleva a una estatua de Jesús.

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Sigues avanzando y llegas arriba, donde entre tortas (bocadillos) y ventas de medallones y cirios tienes unas vistas estupendas.

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A continuación tienes la opción de visitar la capilla, chiquita y entrañable.

Es ahí donde presencié esta divertida escena. A esta niña no le hacía mucha gracia que le restregaran por el cuerpo una vela.

Seguro que se planteaba un: ¿Y esto por qué?

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Y si bien mamá quedó más tranquila. Es una pequeña demostración de que la religión tiene mucho muchísimo de convención social. De costumbre.

Tras visitar el cerro me dejé llevar hacia abajo. La verdad ,estaba ya cansado después de más de dos horas de paseo fotográfico, pero no me quería perder ninguna de las escenas.

Porque sí, en un momento me sentí espectador de un pesebre. O lo dicho, en medio de un parque de atracciones. Si no se lo creen, miren esta escena.

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Un poquito más adelante encontré un señor que tiene bien entrenados a tres pajaritos. Por unos pesitos te sacan entre uno y tres sobres de una cajita. Una niña me enseñó el que le había tocado, le decía que era muy especial y que debía amar a su familia.

La vi emocionada.

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Y ya en el tramo final visité la Capilla de los Indios y la del Pozo, donde antiguamente emanaban unas aguas que sanaban.

¡Aquí hay para todos!

Antes de despedirme del complejo, visité un último espacio. El de los Juramentos. Una chica me comentó que es un sitio bien importante. La gente, que a juzgar por la cola eran de toda edad y género, escribe en un papelito su juramento. Entra en el recinto y, digamos, oficializa su juramento.

A partir de ahí, lo llevará siempre consigo para recordar la importancia de cumplir los votos.

“¿Y funciona, usted lo ha hecho?”, le pregunté yo a la muchacha.

“Yo no, pero mi marido sí. Desde entonces no ha vuelto a beber”, me respondió.

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Y con esto y un pabellón gigante donde una familia al completo cantaba y tocaba (muy muy mal) canciones religiosas, un mercado encastado al recinto que tan pronto te vendía velas como tacos, miles de personas que al mediodía no cabían en la basílica principal, caras de cansancio, tristeza, llanto y amor… me fui por donde había venido.

Sin duda fue algo increíble. Yo cuando veo tanta devoción, tanta creencia, a veces me pregunto si no seré yo el que se está perdiendo algo.

Realmente es fascinante e incluso atrevido, a mi modo de ver, deberte a algo que no conoces.

Supongo que es natural tener dudas…

Aunque éstas me duraron lo que tardé en leerme dos folletines que, como buen samaritano, compré en la basílica.

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En uno daba pautas sobre cómo tratar al homosexual y en otro hablaba del aborto. Aunque el tono del texto era menos agresivo de lo que se ve en las manifestaciones profamilia españolas, me dejaron claro que mucho tiene que cambiar la Iglesia Católica para empezar a creer en su Dios.

Con todo, visitar la Basílica fue una gratísima experiencia que tarde o temprano repetiré.

Básicamente fue una dosis de humanidad tremenda, palpable en el aire, y vaya si la disfruté.

Un abrazo amigos.

Triple P

// Pueden ver más fotos y en mejor calidad en mi flickr https://www.flickr.com/photos/marti_quintana/sets/72157651536816990/

😀

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