Caribe: De groupie a periodista de negocios (Parte II)

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En Cancún se celebraba el ExpoRail, un certamen del sector ferroviario que, como periodista de transportes –trenes y aviones- no me podía perder.

Quedamos con la asociación que nos invitaba el domingo y, aunque todo se retrasó un poquito, tuvimos chance de visitar la playa. En Cancún, por cierto, la zona hotelera tiene tan conquistada la playa que a veces tienes la sensación que no hay mar a tu alrededor. Quedan algunos cachitos de arena que no son privados, y con ellos se recuerda a los pobres que sí, que tienen la suerte de tener el Caribe bañando sus casas con su hermoso azul.

Dicho esto, nos compramos una chelas con unas amigas reporteras, Pilar y Eva. Y entre el mar y la alberca pasamos el ratito. Apunte: Nunca había visto tanta pasión por los selfies. ¿Verdad, chicas?

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E imaginaros para mí el contraste, de estar durmiendo en casas ajenas y dónde podía, a un hotel de cuatro estrellas con piscina y gastos pagados.

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 Incluso cuando llegué tenía un poquito de fruta y una tarjeta de bienvenida. ¿Bonito? Sí ¿Necesario? Para NADA.

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Al día siguiente empezó la chamba (trabajo) … ¡y qué chamba! Fue un ir y venir de entrevistas, conferencias, fotos y notas para el portal. Pero me gustó mucho, es mi trabajo.

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A ello hay que sumarle una cena deliciosa en un sitio híperpretencioso. ¿Cómo dar categoría a un restaurante italiano? Pues poniendo una réplica gigante de la Mona Lisa de da Vinci en la pared. ¿Y con eso basta? Pues no, mejor añade tres estatuas de varios metros de altura de inspiración grecoromana.

 Cancún también es esto, señores. Ostentosa, presuntuosa y kitsch.

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Y así pasé estos cinco días estupendos en el Caribe. Un viaje que necesitaba para calmar mi mono de mar y arena. Una buena experiencia periodística que ojalá que, en mi sector, se repitiera algo más a menudo.

Mi aventura caribeña también me enfrentó a esta doble vida que a veces llevo: la del chico viajero, sin más expectativas que ver, conocer y descubrir, con la del proyecto de adulto con un trabajo estable y expectativas de seguir mejorando.

Y sí, surgen dudas. Siempre ha sido así y no creo que se disipen de un día para otro. ¿Soy feliz asentado en una ciudad y buscando crecer en el mundo laboral? ¿Preferiría andar sin mucho rumbo, como cuando estuve de mochilero por Nueva Zelanda y el sureste asiático? ¿Debería ir de buscavidas o estoy bien cómo estoy? ¿Me conviene vivir en una megaciudad o debería montarme un bar en una playa perdida?

Lo bonito de tantas –y sanas- dudas es poder elegir. Y yo puedo. Hay mucha gente que no.

Y de mientras, bienvenidos las escapadas en las que se mezclan ambas vidas. 😀 😀 😀

The end

Recuerden:

¿Podrían votarme para los Premios 20Blogs?

Se registran aquí:

http://www.20minutos.es/usuarios/registro/

VOTAN en la página de mi BLOG, que se halla en la categoría Personal…. y clickas donde pone “Vota a este blog”.

Y me hacen FELIZ.

Abrazos,

Martí

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