Hacer de tío, de nieto, de hijo… en Navidades

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Si en un post reciente hablé de los amigos que me fui encontrando en mi visita navideña… hoy quiero hablar de la familia.

Porque mi viaje a tierras catalanas fue básicamente esto; familia y amigos. Y entre unos y otros se me pasó el tiempo volando.

Con mi familia recuperé muchas facetas, la de ser y hacer de hijo y nieto, y también conocí una de nueva, la de ser tío. “Oncle, no tio”, puntualiza mi catalán padre, pues dice que suena con más personalidad.

Esta quizás fue mi mayor novedad tras diez meses sin pisar mi hogar; ser ONCLE.

Lo pongo en mayúsculas porque impresiona por varias razones. En primer lugar, porque Maria es tan tan pequeñita que no sabía ni cómo sujetarla ni qué decirle. A mí me encantan las criaturas, pero cuando son bebés… me falta práctica. Aunque sea una niña tan adorable y buena (apenas llora) como ella.

Como anécdota, le cambié los pañales un par de veces y ante la atenta mirada de varios miembros de la familia y smarthpones grabándolo todo. Incluso cuando se me meó un poquito encima.

Supongo que esta es la presión que tiene todo tío primerizo que se va a hacer las Américas cuando vuelve a casa. All eyes on you.  

Yo me quedo con esta foto de un momento a solas que tuve con mi sobrinita.

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A veces uno intenta poner barreras, porque vivir lejos de casa tiene enormes cosas buenas y enriquecedoras, pero también momentos tristes y melancólicos. Pero debo reconocer que ahí, con ella en brazos, me emocioné; es bonito ver cómo la familia crece.

Un petó, Maria.

Además de tío, en mis Navidades también pude hacer de nieto de nuevo. Una de las cosas que más me gustan del mundo mundial.

Os presento a mi abuela, la Iaia Leo. Un ejemplo de vida y una de las personas que conozco con un optimismo más contagioso. Aquí la veis, mostrando una foto en la que levanta una botella de champán en una comida familiar. Porque a ella las burbujas, en compañía, le encantan. Y con 85 años… que las disfrute.

iaialeo

Y entre festejo y festejo mi abuela y yo tuvimos la oportunidad de cumplir nuestros propios rituales: Entrecruzamos nuestras copas para beber un poquito de champán. Y luego me quedé en su falda por un rato.

Llevo haciendo ambas cosas desde que soy un chavalín. Y mi abuela, aunque cada año peso un poquito más, me sigue dando el capricho.

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También repetí en mi rol de hijo. Una de las facetas más complicadas, hay que reconocer. Mis padres me lo pusieron muy fácil, pero tan tan fácil que a ratos, me estresé.

Mamasita, para las próximas Navidades déjame, por lo menos, sacar la basura el día de Navidad. No es que me haga especial ilusión y me gusta mucho que me mimes, mareta, pero llevaba un nivel de colesterol y azúcar en vena que tenía que hacerlo bajar con un poquitito de ejercicio. Ya tú sabes.

Pero me lo pasé genial sintiéndome tan querido y me alegro que te gustaran mis chapulines. A ti y a casi toda la familia.

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Y a ti, pare, el tequila.

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Y qué más contaros. Que la Nochebuena fue genial, sobre todo, por reencontrarme con todos los míos y ver cómo mis primos pequeños crecen sin parar. Mirad qué plebe más chingona ha tenido mi yaya.

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Y sentarme en una mesa que cada año debe alargarse un poco más. Pronto, no sé si cabremos.

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Y disfrazar a mi primo Oriol -que por la camisa que llevaba me llamó ‘cholo’ (de los que bailan cumbias callejeras) – de luchador.

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Y hacerme selfies con Zenai, mi querida prima en plena ebullición adolescente. Debo reconocer que no me veía tan guapo en años. Estos filtros hacen milagros.

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Y ver a mi tía, la Tía, ahora tía-abuela, disfrutando de la más renacuaja de la familia.

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Y entre comer y beber se me pasaron los días en familia volando. Dos semanas en las que volví a ser hijo, nieto, sobrino y, ahora, tío.

No es que durante el resto del año no lo sea, porque la familia siempre es familia. Siempre está ahí.

Pero lo es de otra manera: Lejos ganas en independencia pero pierdes en confort, y sobre todo, en soporte emocional cuando estás más jodido.

La despedida fue bonita. Y aunque ya echaba de menos México, todavía me duele pensar que me falta un año para volver a abrazarlos.

goodbyepares

Fins aviat, familia.

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