Expatriado vs. Emigrante: Una huida tiene varios finales

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Hoy quiero escribir acerca de algo que he comprobado en mi escapada a México en busca de tiempos (y oportunidades) mejores: Hay mil formas de emigrar y hay centenares de maneras de entender, vivir y agradecer el país que te acoge.

En México hay muchísima gente de España como yo. Gente joven entre los 25 y los 35 que se marcharon porque les llovió una oportunidad que no podían dejar escapar o que un día hicieron la maleta y se fueron a probar suerte en un país que -y por esto siguen aquí- les ha dado mucho más en el plano laboral de lo que les ofrecía su tierra natal.

Ahora bien, no todo el mundo se lo toma de la misma manera. Y a veces, en esta heterogénea realidad repleta de emigrantes de todos lados que vive uno en el DF, los mundos chocan.

No creo que me relacione con personas tan distinta a mí. Pero a veces me veo involucrado en conversaciones que se alejan absolutamente de mi perspectiva.

Por ejemplo, coincidiréis conmigo que en México se habla un montón del sueldo. Es la máxima del ‘tanto tienes, tanto vales’ que se cuela en cada esquina de este hermano chico de Estados Unidos.

Pero más allá de eso, lo que más me sorprende es ver gente de mi edad llevando la ‘vida padre’ en el país como si siempre hubieran vivido entre algodones.

Carros propios, viajes pagados, fines de semana en sitios paradisíacos, noches en restaurantes de varios tenedores, sábados en el golf, mujer de la limpieza y shopping cada dos por tres. Ey, que me alegro que puedan vivir así (aunque considere que semejante derroche es innecesario).

Pero lo que más me aterra es que los veo muy parecidos a mí, aunque que con un sueldo que les da para llevar este día a día en México. Son jóvenes, licenciados y con ganas de prosperar.

Y por ello, muchas veces me pregunto: ¿Llevarían esta vida en España? ¿Viviría así, a todo trapo, un chaval de 28 años con un cargo de responsabilidad pero medio o bajo en nuestro país? La respuesta es NO: Probablemente estaría compartiendo casa en Madrid o Barcelona y debatiéndose entre ir al Primavera Sound o pasar unos días en Menorca, y entre tomarse una cerveza o un segundo gin-tonic.

Pero aquí la gente se acostumbra muy bien y muy rápido a vivir como un rey. Porque con un sueldo superior a la media puedes permitirte lujos y lujitos que en España ni se te pasarían por la cabeza.

Me hace gracia cuando, de pronto, escuchas un comentario en el que parece que te tienes que sentir culpable por no disponer de una mujer de la limpieza que te recoja los calzoncillos. O tienes que disimular tu cara de extrañeza cuando te relatan que en el complejo donde vive el colega X quedan una vez por semana para jugar a pádel.

Quiero reiterar que cada uno es libre de vivir como le plazca y gastar su dinero como le apetezca. Pero vamos, por lo menos no te quejes. Y es que esto es lo peor, oír a conocidos hablar de lo mal que le pagan cuando gana ocho veces más el salario mínimo en el país. De las enormes dificultades que tiene para ahorrar y de… ¿Perdona?

Según un artículo publicado recientemente en El Financiero, sólo 7% de los mexicanos cobran más de 10,000 pesos al mes, el equivalente a 600 euros. http://www.elfinanciero.com.mx/economia/solo-gana-mas-de-10-mil-pesos-o-mas.html

Pues sí, estás cosas me sacan un poquitito de quicio. Quizás porque yo vine con una mano delante y otra mano detrás e, inocente de mí, me sentí muy orgulloso y satisfecho de lograr un trabajo ‘de lo mío’ y papeles en menos de un mes.

Sí, tengo un salario mexicano – también bastante superior al medio mexicano- y debo sufrir las condiciones laborales del país. Que sí, se traducen en cosas como que no tienes derecho a vacaciones en el primer año y seis días tras 365 días trabajados.

¿Me quejo? Pues un poquitito también. Porque el sueldo entero de más de un mes se me va en ver a mi familia por Navidad y porque hago malabares para que en los puentes (feriados) pueda salir del nido de hormigón que es el DF.

¿Y agradezco? Mucho también. Porque este país me dio oportunidades.

Pero más allá de esto… es una cuestión de empatía. Por favor, cada día pasamos por decenas de esquinas donde la humildad acecha; en los vendedores ambulantes, en el limpiacoches de Eje Central, en los niños que te ofrecen chicles, en la cola del centro médico del IMSS, en el portero de tu oficina. ¿Te has preguntado cuánto gana él?

portero venddores-universal

Por suerte, no soy el único. Hay muchos otros que llegaron al país y las cosas les van tan bien como a mí. Pero no olvidan de donde vienen ni lo suertudos que son. No viven en una burbuja.

Una vez, en el cénit de mi experiencia en una agencia de noticias, pasé un increíble año como corresponsal en Ecuador. En otra ocasión, mientras daba tumbos por el mundo intentando averiguar qué sería de mí, terminé en Nueva Zelanda, trabajando de lavaplatos y con grasa hasta los codos en un restaurante.

dishwasher yasuniperiodista

Una historia me recordó la otra y creo que jamás perdí el norte. Fui expatriado y fui un emigrante raso. Aunque en el fondo, no creo que ambas figuras sean tan diferentes.

Por ello me duele escuchar según qué comentarios. O ver una forma de vida tan alejada de la realidad que te rodea.

No es bueno morder la mano que te da de comer.

Ni menospreciar lo que tienes.

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  1. y lo que enriquece, poder vivir todas esas realidades y en vez de mirarse al ombligo, en esa aburrida burbuja, difrutar de diferentes experiencia y personas, expandir la mirada al infinito de la vida y darse cuenta de lo que vale de verdad … per cert, he escoltat visita de nadal??

  2. Pingback: Somos emigrantes económicos… ¿Y punto? | Un Triple P

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