La Malinche: Risas y agujetas

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Hace dos fines de semana me fui a subir La Malinche, una montaña de 4.461 metros que queda cerquita de Puebla.

El cuerpo me pedía naturaleza, aire limpio, un reto físico y, sobre todo, pasar un rato alejado del cemento de la Ciudad de México. En definitiva, necesitaba salir del DF a gritos.

Así que no lo dudé ni un momento cuando me invitaron a subir a esta montaña y pasar un fin de semana en un centro vacacional –así le llaman- que queda a medio camino.

Fuimos unos 20 y pico. Gente mexicana y de otros lares que, de vez en cuando, se juntan para pasar fines de semana y subir algún montecito. Mi anterior excursión con ellos fue en el Nevado de Toluca y me dejó tan buen sabor de boca que no podía decir que no.

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El madrugón fue considerable. Y es que a las 4:30 de la madrugada habíamos quedado para irnos juntos para allá y empezar la subida bien pronto.

La idea era llegar sobre las 7:00, pero por un error del pinche googlemaps (que no indica qué caminos están asfaltados y cuáles son un suicidio para el coche convencional) nos retrasó sobremanera.

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Eso sí sin perder la sonrisa, y empujando el coche cuando hacía falta, llegamos a la carretera.

Tras la anécdota, que duró más horas de las que deseábamos, empezamos por fin la caminata.

Después de un rato de bosque frondoso y alguna que otra subida pronunciada, pude contemplar paisajes increíbles. Y es que la altura te otorga una visión, y un poderío, que no deja indiferente.

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¿Nuestra misión? Llegar a este pico colgado entre las nubes. Nada más y nada menos que 4,461 metros. Y aunque quienes me conozcan de hace tiempo conocerán mis hazañas subiendo el Cotopaxi (un volcán extinto de casi 6,000 metros en el corazón andino ecuatoriano), mis piernas ya no son lo que eran. El sedentarismo de periodista-oficinista ha hecho mella.

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Aún así, le puse muchas ganas, porque de esto sí iba sobrado. Y fue ascendiendo acompañado fotografiando paisajes casi marcianos y haciendo nuevas amistades. Porque a la montaña también iba a eso, a conocer gente nueva y, con un poco de suerte, ampliar mi familia migrante.

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A lo tonto tonto, y tras casi cuatro horas de subida, coronamos la cima.

Ahí tuve ocasión de hacerme las fotos de rigor y una muy importante para mí. Mi amiga Marta de Barcelona se casaba el mismo día, y a falta de poder asistir a la boda, me hice una foto con su tarjeta de invitación y se la mandé por whatsapp. Tan lejos y tan cerca.

De las cosas que te pierdes y la melancolía, hablaré en otro post.

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Además, conocí a este perro adorable. Su historia, que no me contó pero imaginé, me conquistó. El perro vivía en el centro vacaciona y se pegaba la subida por su cuenta porque sabía que en el pico le caía más de comer que en ningún otro lado. Y así fue, allí todos le agasajamos a trozos de pan y mortadela. Y él, tan altivo como encantado.

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Bajé hecho un relámpago. Orgulloso de mí mismo pero con un dolor que atenazaba mis músculos desentrenados.

Pero… ¡Qué alegría me dan estos pequeños logros!

Particularmente, me encanta cuando estás tan arriba y agotado que lo único que te importa es dar un paso más mientras respiras aire fresco. Pura terapia.

Después de ducharnos y acicalarnos mínimamente, nos reunimos todos alrededor de un asadero para comer carne y verduras a la parrilla.

Estaba todo delicioso, y debo reconocer que, por momentos, engullí como una bestia. Mi descubrimiento personal, los portobellos con queso fundido. Mmm…..

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La compañía fue genial. Y entre esto y el vino me animé a bailar. Mis piernas maltrechas y el cuerpo hecho un trapo, pero dándolo todo. No hay fotos del momento, pero les puedo asegurar que unos cuantos, y yo en especial, parecíamos quinceañeros disfrutando de su primera noche sin los papás.

Y así llegó el domingo, en el que desayunamos rico y se fue cada uno para su casa.

Fue un fin de semana intenso, de muchas risas y agujetas (dolor muscular) que me duraron hasta el miércoles.

Es el precio de lo bueno. Y espero repetir pronto 🙂

 

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  1. solo recuerda que México lindo y querido tiene 32 estados y que también el norte es México, sigue viajando y haciendo amigos

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