Un DF de instantes: Doña Margarita

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Conocí a Doña Margarita la primera vez que fui a la Cineteca de Ciudad de México. Su tienda de abarrotes se encuentra prácticamente enfrente de este edificio remodelado y resplandeciente que es la Cineteca, que ofrece cine de autor a un precio irrisorio y es cuna de lo moderno en la ciudad.

Desde fuera del establecimiento, vi la nevera y fui a por un botellín de agua. Me encontré con las manillas del refrigerador atadas con hilo entre sí. La anciana, sentada en una silla blanca con la mirada fija enfrente, como si estuviera frente a un muro invisible, me preguntó suavemente: “¿Qué querrá?”.

Le respondí que agua, y me dijo que la tomara yo mismo. Cuando me preguntó de cuánto era el agua me di cuenta de que era ciega. “De medio litro, señora”, dije titubeante mientras observaba el caos que era el resto del local. Un almacén lleno de trastos viejos e inservibles, y un suelo abarrotado de cajas, papeles y botellas esparcidas. Detrás de mí, unos pósteres del siglo pasado tapaban lo que un día fue el mostrador de la tienda. El olor a humedad acumulada durante años en cajas de cartón reblandecidas y comida echada a perder entró por mi nariz. Y a mi lado Margarita, sentada en una silla de plástico y abrigada como si hiciera tiempo que no veía el sol, se escondía tras unas gafas oscuras. “5 pesitos”, me dijo con dulzura.

Se los di y esperé a que contara las monedas con los dedos. Me fui dejando atrás a la viejecita y algo apenado. Me metí en una sala y olvidé su historia a golpe de fotogramas.

Un mes más tarde, un mañana de domingo paseando por Coyoacán, terminé en la calle de la Cineteca. Margarita me vino a la cabeza mezclando culpabilidad, por haberme olvidado de su historia tan rápido, y ternura. Me acerqué a su local y ahí seguía, sentada en su vieja silla, con su mismo cabello largo y canoso, su misma media sonrisa y esa mirada perdida en algún lugar lleno de recuerdos. Quién sabe qué pasará por su cabeza durante tantas horas. Quién sabe si en su mundo de silencio, rememora el día en que su tienda de abarrotes rebosaba tortillas, dulces, botanas y alguna que otra botella de tequila escondida para no ser reclamo de rateros.

Repetimos el ritual. “7 pesos”, me dijo esta vez por un botellín de agua de litro. Cuando abrí la cartera me di cuenta de que no llevaba más de 3 pesos en monedas. Todo el mundo sabe en el DF que con un billete de 500 no puedes andar comprando bebidas, me quedé paralizado y murmurando para mí. “¿Qué le pasa?”, me preguntó.

Le comenté que no traía suelto, y le propuse un plan: “Si se fía de mí, yo ahora voy de visita a un museo y con el cambio que me den, vuelvo en unas horas y le doy lo que le falta”.

“Joven, esto me gusta”, me habló mientras seguía mirando el infinito. Entonces le puse las monedas en su mano, y ella, con la misma mano con la que sujetaba los pesitos, se santiguó de una forma que me emocionó. Quedó en paz, con su Dios y conmigo. Y me alejé sabiendo que por nada del mundo podría romper esa pequeña promesa.

Tres horas más tarde regresé a su tienda tras visitar la casa donde vivió Frida Kahlo. Ahí seguía, en la misma posición, como si el reloj se hubiera parado para ella quién sabe cuándo. “Perdone, soy el chico de antes, vengo a darle lo que me faltaba de la botella”.

“Claro que sí, muchacho”, susurró Margarita. Le puse los cuatro pesos restantes y esperé a que los contara. Le pregunté su nombre mientras admiraba su fuerza, su miseria y su vejez.

Doña Margarita me pareció la viva imagen de la soledad. Una metáfora de la dureza y el desamparo que se esconde entre las paredes de una ciudad de 20 millones de habitantes.

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Acerca de Triple P

Periodista, camarero, viajero y vividor. Soy el típico Triple P, alguien preparado, parado y puteado. Un especie que abunda en España. Tras unos meses dando tumbos por el mundo ahora regreso a la ciudad condal. Dicen que segundas partes nunca fueron buenas. Pero yo estoy seguro que nada puede ir a peor. :D

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  1. da gusto ver que cuando unos padres se han pulido en la formación de sus hijos estos nos honran hasta en el mas mínimo detalle de su vida, que lindo es ver que aun hay honradez y respeto. siempre detrás de un gran viejo hay una gran historia.

  2. Pingback: Un Mexico DF de instantes: Doña Margarita

  3. hoy pase por aqui y vi tu respuesta creo que tus valores y la actitud de confianza de la Doña merecen buenos comentarios hoy me dare el tiempo de ver el tour que haz hecho por el mundo saludos de sonia de saltillo.

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