¡Habemus casa!: La difícil búsqueda de un depa en el DF

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Hola amigos, perdonad mi larguísima ausencia. He tenido mil cosas encima y no he podido dedicarme a contaros esta súper novedad. ¡Tenemos casa!

Conseguir una casa en el DF es una movida grande, así que voy a dividir esta entrada en varios posts, para mantener el intríngulis y no aburriros con un texto híperlargo.

Hoy os voy a hablar de la escalofriante tarea de encontrar departamento en una ciudad tan y tan grande.

En primer lugar, si eres extranjero debes conocer qué zonas son seguras para mudarte. En el DF hay barrios tranquilos y barrios que no lo son tanto, y paradójicamente estos acostumbran a encontrarse muy cerquitos los unos de los otros. Aquí, te despistas de ruta y en un par de calles puedes hallarte en un sitio algo pesado (peligroso, complicado), como lo llaman aquí.

No era cuestión de asustarse, sólo de elegir una buena barriada en donde empezar nuestra aventura chilanga. Pero esto no era más que el principio.

En el DF, y en México por extensión, les gusta más la burocracia que un caramelo a un niño, y te piden las mil y una para entrar a vivir en un sitio. La figura más complicada es la del avalador, que es alguien de la ciudad que tenga un piso en propiedad y ya pagado. ¿Cómo logras un fiador si eres un extranjerito recién llegado y apenas conoces a nadie? Es prácticamente imposible, y aquí es donde empieza el peregrinaje de muchísima gente (del país y foránea) de departamento en departamento buscando formas de saltarse esa cláusula.

Nosotros encontramos algunos que nos pedían pagar varios meses por adelantado y otros que nos hablaban de pagarés, e incluso de contratar a un desconocido para que nos hiciera de fiador.  En un principio no hicimos nada de ello, nos parecía demasiado lioso.

Además del aval, te piden nóminas que comprueben tu liquidez. Algo lógico y necesario, pero cuando eres un sin papeles, aunque con ahorros, es otra medida que pone piedras en el camino.

Tras una búsqueda en pareja, aparecieron en la historia dos amigas que quisieron sumarse a la aventura, y entonces el periplo fue el de encontrar una morada más grande, en la que cupieran tres catalanes y una gallega con muchas ganas y muy poca documentación en regla.

Con mucho tesón, vimos y vimos pisos de toda índole. Yo me quedo con uno en una vía central de la Doctores (un barrio céntrico pero algo pesado), que era increíble pero parecía haber salido de una peli de narcos. Muebles rústicos, camas con estampados atigrados, alguna botella vacía en el armario y un mini gimnasio comunitario. Y lo más extraño, una chica que nos enseñaba el piso que decía que sí absolutamente a todo. Salí por patas.

Vimos muchos otros menos estrafalarios, algunos incluso geniales. Hasta que encontraron (yo no llegué a verlo) uno en la Roma, colonia ‘cool’ por excelencia, muy bien de precio y aún mejor situado.

Ahí nos pusimos aún más las pilas. Comprobantes bancarios, contratos laborales (quien los tenía) e incluso conseguimos un fiador. ¡Un fiador! Fuimos a entregar los papeles una mañana, pero el subidón nos duró exactamente cinco minutos, lo que tardaron a echar a la chica que fue a dejar la documentación alegando que el fiador, al no tener todavía la escritura y solo una copia de la notaría, no era suficiente de fiar.

No desistimos, e incluso nuestro compañero de piso del momento, el bueno de Joselito, se ofreció a poner el piso a su nombre. Con todo, el departamento terminó a nombre de dos personas que jamás vivirían allí, Jose y una profesora de la UNAM. Pero ni con esas, dos administrativas de la inmobiliaria, que por su forma de vestir y sus moños parecían del ‘tea party’, nos lo negaron una y otra vez.

Tiramos la toalla. Y al borde de la desesperación, buscamos otra vez por separado.

No exagero, es D E S E S P E R A N T E buscar piso en el DF. Primero por las condiciones, segundo porque lo que te gustan te los quitan de las manos en horas, y tercero porque la ciudad es gigante y agota ir de un lado a otro sin saber muy bien si servirá de algo.

Fue por aquel entonces cuando Vicenç, sin duda el que más empeño y tenacidad le puso en buscar casa (yo iba un poco rezagado, lo reconozco), encontró un departamento por la Colonia Álamos que no pintaba nada mal. No nos pedían fiador, aunque sí unos meses de depósito, y era en una finca recién remodelada en los que había viviendas de varios precios y a varios gustos.

Fuimos a verlos, y …. ¡encontramos nuestro departamento! Pequeño pero matón, 2 habitaciones y asequible a nuestros bolsillos. Nos encantó y decidimos poner toda la carne en el asador. Se trataba de ser rápido y que no nos lo quitaran de las manos

Tras dos meses de búsqueda inintermitente, muchas decepciones, una treintena de pisos visitados y no sé cuántas llamadas, no podíamos dejarlo escapar.

Aquí os dejo con una foto del exterior de nuestra casita…

piso1habemuscasa

En el próximo post os mostraré su interior y os contaré cómo logramos hacernos con las llaves y con el contrato.

 

¡Hasta bien pronto!

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Acerca de Triple P

Periodista, camarero, viajero y vividor. Soy el típico Triple P, alguien preparado, parado y puteado. Un especie que abunda en España. Tras unos meses dando tumbos por el mundo ahora regreso a la ciudad condal. Dicen que segundas partes nunca fueron buenas. Pero yo estoy seguro que nada puede ir a peor. :D

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