Triple P: “Nosotros somos muchos más, y mucho más importantes, que este grupúsculo elitista y superficial”

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¡Hola amigos! Supongo que muchos os preguntaréis porque ocupo mi tiempo libre en hacerme autoportadas de revistas del corazón. ¿Por egocéntrico? Un poquito. ¿Por toca-pelotas? Pues en su grandísima mayor parte.

La idea del autoreportaje viene de lejos. A principios de verano me lesioné un tobillo y tuve que ir a rehabilitación unos diez días. En una de estas sesiones, con una goma elástica en el pie y repitiendo unos ejercicios aburridísimos, me dio por ojear una de las revistas ¡Hola! que tenían. En la portada salía Isabel Preysler con la Duquesa de Alba y otros miembros de la jet set, celebrando una fiesta exclusiva organizada por una marca de cerámicas española en el palacete del Príncipe Carlos de Escocia.

En las fotos, ellas y ellos salían divinos y espectaculares. Vestidos de lujo, sonrientes y en un ambiente cálido y superficial. Lo mejor eran los textos que los acompañaban, en los que se resaltaban su estilo, su elegancia, sus modales y el exquisito protocolo del evento.

Pasé las páginas con desenfado, escenas así las he visto en miles revistas, pero tuve un punto de inflexión y pensé: “¿De verdad la gente paga por leer esto?”

Analicemos: Una panda de señores ricos que lo son porque les viene de familia o porque han pegado un braguetazo, son invitados a una fiesta donde cobran para sonreír y fingir que les importa lo que hacen. A su vez, esa empresa usa para reclamo este grupo de ricachones finge-sonrisas para colocar una exclusiva al ¡Hola!, que a su vez paga (quizás en este caso les pagaran por tratarse de una especie de publirreportaje, pero en la mayoría de casos no es así) para poder sacar la historia en portada.

En este proceso, personajes públicos (ya ricos), empresarios y medios de comunicación se han enriquecido, han ganado algo de todo ello. ¿Adivináis quién pierde? Pues sus lectores.

Nosotros, sus lectores, que nos gastamos dos euros semanales para que nos refrieguen por la cara su despreocupada vida de lujo. Nosotros, que comprando revistas de este tipo permitimos que se perpetúe un status quo que no beneficia más que a unos pocos. Nosotros, que disfrazamos nuestra miseria con sus trajes de Chanel. Nosotros, que nos olvidamos de soñar porque estos famosos ya nos regalan –por solo dos euros- sus vidas de ensueño.

Nosotros, que somos muchos más, y mucho más importantes, que este grupúsculo elitista y superficial. Que se queden con sus revistas. ¿No?

Por todo ello decidí que ya era hora de aparecer en el ¡Hola! y enseñaros mi piso de realquiler. Más humilde y deslustrado que sus mansiones, pero convencido de que las paredes de mi casa son menos frívolas que cualquiera de esas señoras. Y de seguro tendrán muchas más historias que contar.

¡Abrazos!

–> Aprovecho para invitaros a darle al ME GUSTA, si no lo habéis hecho, a mi nuevo y flamante Página de Facebook. www.facebook.com/untriplep

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