Antalya: Mi familia estafada en un Benidorm turco (Parte 3)

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La Nochevieja la celebramos en el centro de la ciudad, donde se monta un fiestón que ni las ‘raves’ de mi adolescencia. Música turca, pop internacional y mucho bailoteo. Luego una cuenta atrás des de diez y ¡feliz 2014!

Aquí fue cuando bauticé nuestro equipo como #TheQuintanas (por nuestro apellido); un padre y un hijo, que no siempre se han llevado del todo bien, perdidos en la burocracia y la corrupción turca. Nos comimos 12 pistachos, que a falta de uvas allí se llevan mucho los frutos secos.  Regresamos al hotel y nos acostamos enseguida.

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El día 1 nos fuimos de viaje por la costa, y vimos cosas realmente maravillosas. Al lado de este Benidorm turco, increíblemente, quedan paraísos escondidos y protegidos. Que dure. También quedé prendado de una ruta por el interior que hicimos, entre montañas escarpadas, pueblecitos rurales y minaretes alpinos.

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Aquel día fue cuando caí enfermo. Hacía años que no tenía fiebre de verdad, de esa infantil que te lleva del sofoco al tembleque en segundos. Estuve postrado en cama por 12 horas, pero por suerte al día siguiente estaba suficientemente recuperado. ¡Había tanto que hacer!

Fuimos a visitar a Selma, una abogada que nos habían recomendado. Una turca muy occidental, con estudios en varias universidades europeas. “Tenéis entre manos un producto tóxico, yo solo recomiendo vender”, nos soltó. “No puedes fiarte de los turcos, ni de las inmobiliarias”, sentención sin embudos.

Selma era muy simpática y su oficina de lo más pijo que habíamos visitado. Supongo que por ello el precio que nos cobraba por llevarnos los asuntos legales para la venta del piso – que no para ayudarnos a encontrar comprador y hacernos de notario – era tan elevado. Con todo, seguimos en contacto.

Y después de Selma tocó Emine, cuyo contacto habíamos obtenido gracias a Sandra, la rusa que alquilaba el apartamento de al lado del nuestro, y su pequeña agencia inmobiliaria. Una mujer de unos sesenta años, profundos ojos azules, marcado acento al hablar en inglés y muy pero que muy coherente. Nos dijo que había “ayudado” a muchos europeos estafados con los pisos a luchar por sus derechos y a vender sus inmuebles. Puso enseguida las cartas sobre la mesa y nos contó  que aquí todo el mundo tenía parte culpa. Tanto el ladrón turco especulador como sus cómplices belgas y holandeses, por dejarse enredar y comprar los pisos a un precio desorbitado y fuera de mercado.

Parecía una eminencia en la materia, enseñándonos archivos de los estafados belgas, que habían ido por la vía administrativa a los juzgados turcos, y que tras dictar sentencia miraban desde donde podían reclamar el dinero.

Descubrimos muchas cosas. Por ejemplo, que el precio de los pisos, en el mismo periodo de tiempo, era mucho superior cuando se vendía a extranjeros que a turcos. Es decir, que aquí todo el mundo se hizo de oro mientras pudo.

En conclusión, el piso, aunque hubiese estado acabado como prometían, hubiera tardado muchos años más de los que les habían dicho para poder llegar al valor que mi familia había pagado. Y de hecho, hoy los apartamentos valen más o menos el precio inicial que pagaron los turcos.

Con todo, Emine nos propuso encargarse de encontrar comprador y de todos los temas legales relativos a la venta del inmueble. Además, nos dijo que había ayudado a otro catalán estafado con la venta de su piso y nos dio su teléfono. Lo llamamos y nos dijo que era de confianza, así que en sus manos estamos.

Imaginadme a mí, haciendo de traductor a la vez que ponía en práctica palabras como  ‘deed’, ‘proxy’, ‘attorney’ o ‘notary’. Y además de entender y hacerme entender, intentar evaluar si esta señora iba de buenas o no.

Porque una cosa está clara. Aquí todo el mundo saca cacho.  Pero de lo conocido estos días por Antalya, ella parece estar de nuestro lado.

Sea como sea, saldremos escaldados de esta experiencia.

A punto de zanjar el tema – por el momento – quedamos en darles una copia de las llaves y al día siguiente nos fuimos a limpiar el piso. En nuestra casa somos muy limpios, pero sacar el polvo acumulado durante seis años a un piso que jamás será realmente tuyo es cuanto menos extraño, y frustrante.

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Por suerte #thequintanas le pusieron buen humor y buena escoba, y lo dejaron todo como los chorros del oro.

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Ahora, mil trámites más y la certidumbre de que estamos en unas solas manos. Si esta señora encuentra algún comprador, nos podemos dar por contentos y agradecidos. Por el momento, ha habido un intercambio de e-mails bastante frecuente, y otras novedades, desde desperfectos a momentos idóneos para vender, han aparecido….

Este viaje ha sido el más peculiar de mi vida. Ni turisteo ni grandes momentos. La cara oscura del turismo de masas y la especulación, la fachada que Turquía, y el mundo, no quiere enseñar.

Solo espero que al final salga todo lo bien que cabría esperar. Porque mis padres se lo merecen.

Final…. de momento.

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