Gisborne: Una casa de locura en un pueblo para el relax

Estándar

Llegué a Gisborne, en autostop. Desde Rotorua, en 7 horas de viaje. Fue toda una aventura en donde me recogieron desde una joven pareja cultivadora de marihuana, a un irlandés a punto de casarse por papeles (así lo reconoció) con una kiwi, un viejo escocés encantador, apodado “the old Jock”, e incluso un par de rubias estudiantes de infermería… que además de bonitas eran simpáticas, me dibujaron un cartelito con mi ciudad de destino y me tiraron un piropillo. De esos inocentes, que te suben la autostima.Imagen

Y por fin llegué a Gisborne, en la costa este, que aparece en los libros de historia porque fue el primer sitio de Nueva Zelanda pisado por un europeo, el Capitan Cook, allá por 1769.

Hermosa y pequeña ciudad costera sin nada de especial, pero que invita al relax por su playa larga y de olas apacibles, frente a un hermoso acantilado de roca blanca.

Imagen

Imagen

Imagen

Creo que esto es lo que me atrapó de Gisborne. Esto y su barrio algo ‘gang’, donde Marlene me invitó a sentarme junto a su amigo, el grandote de la foto. Esto y su escuela de maorí, donde jugué con unas niñas encantadoras que me enseñaron un par de palabras que ahora no recuerdo.ImagenImagen

Sobretodo, me enamoró la peculiar casa en la que fui a vivir. Una tribu de los Brady hippy y surfera. Bryony, amiga de un amigo mío de Barcelona (gracias, Eddie), fue mi anfitriona. Me cedió su caravana. ¡Y estuve de lujo!

Imagen

Imagen

Bryony vivía con 7 personas más. DeAnne y su marido André. DeAnne tiene 8 hijos, 5 de ellos aún viven en casa. Dos de ellos, Coloni y Jenina, son fruto de su amor con André, un surfero brasileño y actual marido, para rizar el rizo.

Aquella casa era un bonito caos. Con niños correteando solas por aquí y allá, apañándoselas para comer cuando no estaba su madre y cuidándose los unos a los otros, con un respeto y un cariño admirable. Imagen

Imagen

ImagenImagen

Jugamos a las cartas, y les preparé tortilla de patatas y gazpacho (olé!). Compartimos buenos momentos, y descubrí que hay miles de formas de subir a una familia. Y que lo poco convencional también resulta.

Aquello era AMOR.

Imagen

Anuncios

»

  1. Pingback: Un autostopista afortunado: Personas y personajillos que me recogieron en la carretera. | Un Triple P en Nueva Zelanda

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s