57,6%: Cuando te invitan a marchar

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Spanish Version:

Hoy  nos dieron otro dato. España tiene nada más y nada menos que un 57,6% de desempleo juvenil. Otro dato de estos que invitan a marcharte.

Que 6 de cada 10 personas entre 16 y 29 años que busca trabajo no tenga es algo desalentador y triste. Aún es más triste que los políticos no hagan nada al respeto.

Bueno sí, aprueban reformas laborales totalmente inútiles y te invitan a ir a servir cafés a Londres o convienen que haces las maletas por un irreparable “impulso aventurero de la juventud”.

Por eso nos vamos. Porque nos invitan a marchar. Ellos, los cuatro de siempre, apoltronados y tan ajenos a la sociedad que da hasta vergüenza pensar que los hemos elegido nosotros en democracia.

Yo elegí Nueva Zelanda, para darme un respiro, viajar y probar suerte. Aunque sé que este no es mi destino final. No quería sentirme atrapado en este país de poca monta.

Leyendo este 57,6%  me acordé de algo que escribí para el blog de una amiga antes de salir del país. El tono era dramático y crudo. Hoy la distancia me ha suavizado el cabreo.

Pero sigo pensando lo mismo. Mucho tiene que cambiar. Ojalá podamos entre todos.

Os dejo con el texto:

En las antípodas (de un país sin ilusiones)

Esta vez no viajo, esta vez emigro. No sé por cuánto tiempo ni con qué finalidad. Pero sí sé que tengo la necesidad impetuosa de alejarme de este país que hoy es un saco de sueños rotos. Pongo tierra de por medio y me voy los más lejos que pueda; Nueva Zelanda. En las antípodas totales. Con billete de ida, la vuelta es una incógnita.

Me llamo Martí y tengo 26 años. Soy periodista, o eso me gustaría creer.

En los últimos tres años he encadenado prácticas, prestigiosas becas (que incluso me permitieron trabajar de corresponsal en Ecuador), reportajes freelance y exposiciones de fotos. Pero tras regresar de Ecuador, y después de medio año tratando de ejercer de periodista, ahora soy camarero en un bar.

Que conste que para mí no es ninguna deshonra poner cafés. Pero quiero dedicarme a lo que me gusta; contar historias. Volver a la hostelería ha sido como ir para atrás, como los cangrejos, porque ya estuve gran parte de mis años como universitario trabajando en bares, discotecas y hoteles con tal de costearme vivir fuera de casa.

Nueva Zelanda significa lejanía. Alejarse de un país donde a más de la mitad de jóvenes no se nos dan oportunidades. Alejarse geográficamente y simbólicamente.

Me voy con un tipo de visado que no es ninguna panacea. Me permite residir un año en el país y trabajar seis meses. Y soy consciente que allí, al principio, deberé hacer de todo (de nuevo), para llegar a fin de mes. Pero también espero que Nueva Zelanda me empuje a escribir, a hacer miles de fotos y a conocer distintas realidades.

España, este país de esperanza escurridiza, lleva tiempo sin inspirarme.

Me voy dejando a muchos seres queridos y gente que no sé si volveré a ver. Pero también me voy con muchas ilusiones. Y sin un rumbo fijo. Nueva Zelanda es solo el comienzo.

Marcho como tantas decenas de miles de jóvenes lo han hecho en los últimos años, cuando estalló esta burbuja económica que solo sirvió para enriquecer a los de siempre.

Gente formada, con el deseo de prosperar y de sentirnos valorados.

Algunos volveremos, otros nos quedaremos en nuestras tierras de adopción.

Cada uno de nosotros, migrantes, tendrá su propia historia.

ENGLISH VERSION:

57’6%: When you’re invited to leave

Today we got new information: Spain has nothing more and nothing less than 57’6 % of juvenile unemployment. Another of these numbers that invite you to go. That means that 6 of every 10 people between 16 and 29 years that’s looking for a job, can’t find it. It’s something discouraging and sad. And it’s even sadder than the politicians do not do anything to solve this problem.

Well, they d, they approve laws totally useless to reform the labour market and invite you to to serve coffees to London or are convenient that you do the suitcases for an irreparable “adventurous impulse of the youth”.

That’s why we run away. They invite us to go. They, the four of always, sitting in their golden chair, and so unaware of what’s really going on in the streets that’s quite embarrassing to think that we’ve elected them democratically.

I chose New Zealand, to give myself a break, travel and try my luck. Even though I know this is not my final destination. I didn’t want to see myself trapped in Spain.

Reading about this 57,6%, I remembered of something I wrote for a blog of a friend before I left my country. The tone of the narrations was dramatic and crude. Today the distance has softened my anger.

This is what I wrote for:

In the Antipodes (from a country without hope) by Martí Quintana

This time I’m not traveling.  I’m emigrating.  I don’t know for how long nor to what end.  But I do know that I have the impetuous need to distance myself from this country that today is nothing more than a sack of broken dreams.  I decided to put some ground between me and Spain and go as far as I can: New Zealand.  The complete antipode.  With a one-way ticket; the return journey is unknown.

My name is Martí and I’m 26 years old.  I’m a journalist, or so I like to believe.

Over the last three years, I had a series of internships, prestigious grants (which even allowed me to work as a correspondent in Ecuador), wrote freelance articles and had photo exhibitions.  But after returning from Ecuador, and trying to find work as a journalist for half a year, I am now a waiter in a bar.

For the record, I don’t think it’s disgrace to make coffee.  But I would like to devote myself to what I like doing: telling stories.  To return to the service industry has been like stepping backwards, like a crab.  Throughout my college years, I already worked in bars, clubs and hotels to be able to afford to live away from home.

New Zealand means distance.  It means moving away from a country where more than half of the people aren’t given opportunities.  It’s taking a distance, geographically and symbolically.

I’m going with a type of visa that isn’t a cure-all.  It will allow me to reside in the country for one year and work for six months.  I’m aware that there, in the beginning, I will have to do everything (again) to make ends meet.  But I also hope that New Zealand will push me to write, take thousands of photos and be confronted with new realities.

Spain, this country of elusive hope, hasn’t inspired me in a long time.

I’m leaving behind many loved ones and people that I’m not sure I’ll see again.  But I’m also leaving full of hope.  And without a fixed course.  New Zealand is only the beginning.

I’m leaving like many tens of thousands of young people have done in recent years, ever since the economic bubble burst and made the same people rich as always.

We’re educated people with a desire to succeed and feel valued.

Some of us will return, some of us will stay in our lands of adoption.

Each one of us, migrants, will have our own story to tell.

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Acerca de Triple P

Periodista, camarero, viajero y vividor. Soy el típico Triple P, alguien preparado, parado y puteado. Un especie que abunda en España. Tras unos meses dando tumbos por el mundo ahora regreso a la ciudad condal. Dicen que segundas partes nunca fueron buenas. Pero yo estoy seguro que nada puede ir a peor. :D

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