Navidades en Nueva Zelanda (1ª parte): El Tió-Kiwi, una caracola mensajera y algo de melancolía

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Hoy, que es el día de los Reyes Magos en España, quería regalar a mi familia y amigos la primera parte de lo que han sido mis navidades en las antípodas de Cataluña. Unas navidades distintas y bastante molonas, pero también cargadas de nostalgia. Y es que en esas fechas, uno echa más que nunca de menos a la abuela, el jamón, los ‘galets’ y… ¡el Tió!

Sí, sobre todo el Tió, esa mítica tradición catalana que es la más absurda y divertida del mundo. Y que consiste en hartar de “comida” a un trozo de madera, llamado  Tió, para que el día de Nochebuena o navidades, los niños de la familia le den de hostias con un palo y hasta que les cague unos regalos. Literalmente.

Si no os lo creéis, aquí tenéis una foto de toda la plebe, momentos antes darle al “Tió tió, caga Turró!”.

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Este 2012 ha sido mi primera Navidad fuera de casa. Increíble pero cierto, pues he vivido en bastantes sitios, pero yo como el Turrón, el Día de Navidad en casa. Y con el Tió.

Así que se me ocurrió una buena manera de quitarme el mono de mi tronco favorito. Y escribí una postal contando a mis familiares que este año el Tió se había aparecido a la puerta de mi casa en Auckland.

Era un Tió que venía de las montañas del Tongariro, un parque natural enoooorme en el centro de la isla norte del país. Me comentó que había cagado unos regalitos para mis sobrinos y mi querida abuela (adicta a los imanes de nevera), y que este año la cosa estaba más seca por la economía, algo menguante.

Además, junto a los souvenirs apareció una caracola. Y resulta que esta caracola de mar, proveniente de la inhóspita playa de Kare Kare, tenía una misión. Todos los menores de 15 años de la familia, así me contó el Tió y así les hice saber, tenían que agradecer al Tió-Kiwi en maorí por los regalos.

“Kia Ora Tió, Kia Ora”

Jaja, aún me rio imaginándome la escena. Mis primillos y primillas, acercándose a una concha y soplándole al oído… Kia Ora Tió…

Aquí os dejo unas fotos de cómo llevé a cabo la sorpresa.

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Yo me lo pasé muy bien orquestando todo esto. Y estoy convencido de que mi familia fue una muy buena cómplice.

Por mi parte, pasé una Nochebuena con mis ex compañeros del albergue. Una cena entretenida, pero yo estaba algo apagado. Eché mucho de menos a mi familia. A mi abuela que se emociona por todo, a mis primos pequeños ,que se ríen con mis bobadas, a mi hermano, a quien me encanta tocarle los …. , a mi tía y su alegre verborrea. A mi padre, a mi madre… a los villancicos… a la música. ¡A todos!

Pero la nostalgia es sana. Significa sentirse querido.

Así que…¡ que viva la magia… y que viva el Tió!

Y que viva mi abuela, a quien nunca olvido.

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  1. genio! cuando me vaya a NZ en Abril, te voy a buscar para que me enseñes bien lo del Tió! jajaja, muy buen blog! te mando un abrazo!

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