Playas escondidas, okupas y monjas

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El lunes fue un buen día. Libraba y me fui a una playa cercana a mi casa, unos veinte minutitos a pie, y que es un auténtico gozo en medio de una gran ciudad como Auckland.

Se llama Hamilton Beach, y es más una calita que una playa con todas las de la ley, pero al estar rodeada de mansiones y dar a una isla no se ve a nada ni a nadie, y no se escucha ni a los coches.

De hecho, en la hora y media que estuve por ahí, sólo me encontré a un gato.

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Encontrar sitios así reconforta. Son esos rincones que hacen que una ciudad, por muy grande que sea, la sientas más tuya.

El lunes también fue genial por otras cosas además de la playa.

Casi no llovió. Y aquí el ‘casi’ es muy importante, porque los aguaceros abundan y el viento pega de lo lindo en Auckland, y cuando viene del sur (o sea, de la Antártida!) es demoledor.

Además, dos chicas me piropearon desde su coche. Tocando el cláxon, abriendo la puerta y gritándome algo.

También descubrí que en mi barrio hay muchas casa que merecen ser okupadas. Imagen

Y para rematar el día, me entretuve persiguiendo a una monja que iba a toda pastilla. Imagen

Que sí, que yo me entretengo con cualquier cosa.

Per fue un buen lunes.

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